Pensamientos de emigrante

Desde que vivo en el extranjero ha surgido en mi interior un orgullo patriótico muy impropio de mi. Al principio, cuando me sorprendía pensando en estos asuntos, me asustaba ligeramente. Intentaba restarle importancia, creyendo que mis sentimientos de nostalgia ensalzaban mi visión de España al extremo de la cuasiutopía. Pero ahora creo que no es una “vena” patriótica al estilo fanático derechil que todos hemos viso alguna vez, sino que ha ido germinando paulatinamente en mi mente cada vez que he dedicado un minuto a reflexionar y contrastar ambos países. El país de comparación es uno del norte de Europa. No importa cuál, pues creo que todo servirían como referencia para mis reflexiones.

En primer lugar, los bares. Los españoles somos animales de bares. En cualquier modalidad de servicio de hostelería, se aprecia visiblemente quién controla el asunto. Esa manera de colgar el codo en la barra, mientras ponemos el otro brazo en jarra mirando alrededor y buscando contacto visual. Con este acto reflejo, esperamos encontrar al compañero de turno que nos pregunte qué tal el día y luego ya, enganchamos  conversación. Esto último, evidentemente, no pasa en mi país de residencia actual. Pero aun no teniendo interlocutor, nos sentimos los putos jefes del local. Es una gracia natural la que tenemos cuando nos sentamos rodeando una mesa, agarramos nuestro vaso y lo bebemos. Es un estilo curtido filogeneticamente, y nadie nos supera.

Pero no solo eso,  es que nosotros tenemos gracia. El duende. Porque entramos gritando en los sitios (sí, nuestro tono de voz es un poquito más alto, eso se lo concedo a Chris Haslam), pero nadie se asusta porque lo hacemos con una sonrisa en los labios. Abiertos, francos, mirando a los ojos de forma natural. Que todo el mundo nos pueda oír, porque no tenemos problema en hablar ni con las macetas.

Somos flexibles. Aunque el profundo respeto a los horarios establecidos en estos países conlleva valiosas ventajas (más concentración de tareas, el mensaje de que la jornada laboral tiene un final claro cada día), también es de agradecer que algún día alguien te dedica diez minutos o media hora más de su tiempo. Nosotros lo hacemos, porque NO PASA NADA.

Los deportes. En general, nuestro estilo es francamente mejor. Sí señor.  Y, además, cualquier deporte. Tenis,  fútbol, baloncesto, voleibol, ciclismo. Aunque probablemente nunca los hemos practicado,  hemos viso horas y horas de estos deportes practicados por los mejores de mundo. Y esos mejores, (¡qué causalidad!) son españoles. Rafa Nadal, la selección Española de fútbol y baloncesto, Pau Gasol, Contador, Maneu Roca. No necesitamos mil horas de preparación un  fin de semana tras otro en un estadio de deportes para atrevernos a practicar alguno de estos deportes.

Y luego está todo lo demás. La comida, la forma de (des)aprovechar el tiempo, las  amistades surgidas fácilmente, los abrazos, el contacto humano, la música, el baile.

Y no tendremos tanto dinero, pero en la alegría de vivir no hay quien nos gane.imagen entrada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s