Un robado

Róbale una foto a la primavera. La estrella de la temporada es la flor. ¿Qué flor? Cualquiera. No la ignores al verla impasible ante tu mirada. No cometas ese error. Regálale un instante, y tus lentes la captarán desnuda, solo para ti. La verás erguida en su tallo, esperándote, regalándote su mejor imagen. Si esperas un poco más, es posible que te entristezcas al pensar que pronto se marchitará. Pero no la desdeñes por esa fragilidad. No des media vuelta. Quédate, y aférrate al privilegio de ser testigo de ese instante único, irreversible, de su desarrollo vital. Si te quedas, tú también le estarás regalando tu tiempo, un instante tuyo, efímero, que tampoco volverá. Y te verás como la ves a ella: frágil y único. En esa comunión inesperada, apresúrate y captúrala con tus lentes, para revelarla en el cuarto oscuro de tu mente. Y habrás hecho el mejor robado del mundo: una imagen permanente del instante en el que tú formaste parte de él.

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