Coleccionables, ¿por qué siguen vivos?

El insomnio veraniego me asedia. Vete tú a saber por qué. Y en estas largas madrugadas privadas de Morfeo, me decido por la compañía de la televisión. Ella siempre está ahí. Pero no está sola: la publicidad es su hermana inseparable.

¿Qué hago? Me niego a levantarme del sofá, y el móvil se quedó en el dormitorio. No tuve escapatoria: mi atención quedó atrapada en esa secuencia de clips, que se antojaba más larga que una cadena perpetua.

Y entonces los vi. Los creía desaparecidos, pero no. De piedras «preciosas» y camiones americanos en miniatura. Y varias veces en el mismo corte, por si no me había quedado claro. Me avergüenza confesar que las piedras me atrajeron. Empecé a fantasear con cómo lucirían colgadas en mi cuello, y lo divertido que sería poder variar las piezas según el atuendo.

No os preocupéis, mi raciocinio tampoco se durmió. Enseguida me recordó que nunca me pongo colgantes, y que el resto de piezas que seguirían a la primera no serían nada baratas (no alcancé a ver la minúscula letra que parpadea antes de terminar el anuncio).

Pero, ¿por qué se lanzan en septiembre? La culpa, creo yo, es del letargo de agosto. El mes de vacaciones por excelencia en el que, casi todos, paramos. Nos abandonamos al tranquilo pasar de los días, tumbados al sol, comiendo, nadando. Nos entregamos a no hacer nada. El dulce vacío de agosto.

Pero septiembre pronto asoma, y el vagar empieza a ser pecado. Ya se vislumbra, otra vez, la vida sucediéndose de madrugones, desayunos apurados, atascos interminables, reuniones absurdas, el colegio, tupperwares deprimentes, coladas infernales, llamadas a deshoras. Y el siguiente día es igual, y luego otra vez, y luego otra, llenando los oscuros meses de otoño e invierno.

Pero esta vez no será así. O, al menos, no solo eso. Porque te mereces ir tejiendo algo que sea tuyo, construir un espacio del que seas dueño. Una parcela que te ilusione, que conecte con quién eres (o eras) tú. Que haya algo en tu vida, por minúsculo y caro que sea, que tú domines.

Y ahí estás tú, sin poder dormir anticipando septiembre, con la tele de fondo, y te ofrecen la solución: una colección de piedras preciosas.

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