Por los amigos de la infancia

Somos afortunados los que, en la adultez, conservamos alguna amistad de la infancia. Tras los fuertes abrazos del inicio y ponernos un poco al día, pronto nos empezamos a comportar como si fuéramos otra vez esos niños o adolescentes. Y cuando se produce el regreso al presente, confesando los logros y miserias de la vida adulta, veo lo mucho que hemos cambiado, lo agridulce que es la vida con todos, y la esencia que seguimos conservando. Uno es privilegiado de conservar estas amistades, porque el tiempo les da una solidez que solo la honestidad de la infancia les puede otorgar.